Fe adulta y nuestro testimonio hoy a ejemplo de los cristianos del pasado.

"La valentía a sido  necesaria para unirse a la fe de la Iglesia desde siempre, incluso si ésta contradice al esquema del mundo contemporáneo.  Ejemplo hay muchos de hombre, mujeres, laicos y consagrados, niños, jóvenes y ancianos que durante la historia han dado testimonio de sangre por mantener y defender su Fe Adulta. Uno de esos magníficos testimonios es el de las Carmelitas de  Compiègne.

El 14.9.1792 fueron arrojadas de su monasterio. Ya antes, por indicación de su M. Priora, se habían ofrecido al Señor en holocausto "para aplacar la cólera de Dios y para que la paz divina traída al mundo por su amado Hijo, fuese devuelta a la Iglesia y al Estado".

Cada día repetían esta consagración generosa. El 24 de junio de 1794 fueron apresadas las 16 y encerradas en Sainte Marie, monasterio de la visitación convertido en cárcel.

En carretas fueron llevadas a París, a donde llegaron el día 13 de julio y fueron encerradas en la terrible cárcel de la Conciergerie, abarrotada de sacerdotes, religiosos y seglares condenados a muerte.


La fiesta del Carmen -día 16- entonaron a su Madre y Patrona cánticos fervorosos con la música de la Marsellesa.

El 17 de Julio, después de manifestar que morían voluntariamente por su fe. por su fidelidad a Cristo, a María y a la Iglesia, fueron condenadas a muerte y llevadas a la Barriere-du-Trone. Antes de ser aguillotinadas cantaron todas el Miseres, la Salve Regina, el Te Deum y el Veni Creator, renovaron una por una su profesión al pie de la Madre Priora e iban subiendo, con gran gozo, a la guillotina ante el sombro de todos los asistentes. Era el 17 de julio de 1794.

El 13 de mayo de 1906 eran beatificadas por el papa San Pío X.

George Bernanos y otros literatos, músicos y cineastas han inmortalizado sus vidas con el famoso "Diálogo de carmelitas" ofrendaron sus vidas por amor y fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a la fe de siempre. Sin buscar ninguna forma para lograr sobrevivir transando ante los principios ateo y anticristiano de la Revolución, sin ir detrás de las novedades que lamentablemente algunos otros han asumido la bandera y slogan de libertad y búsqueda de las fuentes. Es que hay que recordarles que la Fuente es Jesucristo y la Iglesia puerto seguro a través de la fe y la tradición.

A esta falta de conformismo y testimonio de la fe Pablo llama una fe adulta.
Califica en cambio como infantil el hecho de correr detrás de los vientos y de las corrientes del tiempo.

De este modo forma parte de la fe adulta, por ejemplo, comprometerse con la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción, oponiéndose con ello de forma radical al principio de la violencia, precisamente en defensa de las criaturas humanas más vulnerables. Papel que les corresponde a los padres en sus hogares donde educan a sus hijos, pero también a cada uno de nosotros.

Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenado por el Creador, restablecido nuevamente por Cristo.
La fe adulta no se deja transportar de un lado a otro por cualquier corriente.  Como lamentablemente vemos unas muchas familias religiosas que se opone a los vientos de la moda o buscan fuera lo que creen que revivirán sus comunidades. Debemos saber  que estos vientos no son el soplo del Espíritu Santo;  es cuestión de mirar sus noviciados vacios y una vida de comunidad decadente y vacía  que creen que un televisor puede llenar aquel espacio de convivencia comunitaria que algunas han olvidado. Debemos recordar  que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo, la Iglesia y la tradición y patrimonio espiritual que posee cada comunidad y que en su variedad enriquecen la totalidad del Pueblo de Dios.
Agradecemos a Dios el testimonio y la fidelidad de esta Carmelitas coronadas con la palma del martirio.


Señor, Padre Santo, que elegiste a la Beata Teresa y a sus hermanas carmelitas para que, fortalecidas con la gracia de tu Espíritu Santo, llegaran desde la soledad del Carmelo hasta la palma del martirio; concédenos amarte con fidelidad, hasta llegar a la contemplación de tu gloria en el cielo. Amén

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