Los medios y la gente: necesidad y desconfianza

Aunque parezca una verdad de perogrullo, para aventurar algunas reflexiones sobre la relación entre los medios de información y la gente, se necesita comenzar precisando tres límites. En primer lugar aclarando que los medios masivos, denominados así por su alcance a grandes contingentes de personas, son esencialmente medios de información. En segundo lugar, separar la información de la comunicación, no por un criterio de valor, sino porque son procesos diferentes, ya que, mientras la primera se puede transmitir de manera vertical, sin esperar un retorno, la segunda es, intrínsecamente, un proceso circular de relaciones y sentidos. Y en tercer lugar, se debe establecer con claridad que la confusión entre información y comunicación, hace que muchas veces la gente les pida a los medios que cumplan funciones que, obviamente, no pueden cumplir. En ese marco, aquí se habla de la relación entre los medios masivos y la gente desde la comprensión se su función de información y entretenimiento.
Hay numerosos elementos que muestran las relaciones de necesidad y desconfianza que hay entre la gente y los medios. Para comenzar, el número enorme y todavía creciente de radios, canales y periódicos. Y la constante extensión de servicios de internet amplía las posibilidades de acceso a la información de una manera que bien se podría calificar como de ciencia ficción. A estas alturas son escasas, o nulas, las poblaciones aisladas y sin acceso a ningún medio. Por otra parte, la rapidez y el volumen de datos que se transmiten permanentemente hacen que muchas personas digan que tenemos el mundo al alcance de la mano. Pero ¿por eso estamos mejor informados?
Esa es la principal pregunta, que expresa la desconfianza de la gente hacia el trabajo de los medios. Si bien todavía para apoyar o garantizar una información decimos “apareció en el periódico, o lo dijeron en la radio”, también escuchamos críticas sobre la pretendida imparcialidad de los medios, respecto de su servicio a intereses político partidarios, económicos o sobre su manejo impúdico del dolor y la vergüenza humanos.
Hay que plantearse también los alcances y límites del carácter mercantilista de muchos medios, grandes y chicos, que fácilmente puede levarles al sensacionalismo para vender más y no a la información equilibrada y fidedigna. El famoso rating puede resultar un arma de doble filo. Deberíamos seguir, como alguna vez sugirió la UNESCO, alguna fórmula idónea que declare al “éter” patrimonio de la humanidad y no algo que puede ser monopolizado por quienquiera tenga mayores recursos.
Pero no se crea que es sólo un asunto moral y estético. Como acceso a la información, se trata de un derecho humano, lo mismo que la libertad de expresión; derechos por los demás constitucionalmente establecidos. Los caminos para plantear soluciones pasan por mecanismos institucionales que, sin vulnerar los derechos a la libre expresión y a la libertad de prensa, favorezcan una práctica libre pero respetuosa, autónoma pero –y– responsable; es decir: auto regulación. Especialmente en estos momentos en que mucha información , más que ayudar a clarificar situaciones que atañen a la Iglesia y los dolorosos problemas que han causado los fallos que todos conocemos. Esperamos que los medios de comunicación sean – medios de información y no medios para  campañas de  difamación y verdades a medias.
“Vosotros inspiraréis a la comunidad, encenderéis sus ideales, estimularéis su imaginación —si fuese necesario la provocaréis— para que pueda dar lo mejor de sí misma, lo mejor como hombres, lo mejor como cristianos. No cederéis a ninguna seducción, ni os plegaréis ante amenazas que tiendan a desviaros de la total integridad en el cumplimiento de vuestro servicio profesional hacia aquellos que son no sólo vuestro prójimo, sino vuestros hermanos y hermanas en la familia de Dios, Padre de todos nosotros”.

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS REPRESENTANTES DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL , 29 de septiembre de 1979.

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