Pentecostés, hacer el Camino a la Luz del Espíritu y la Verdad.


Cada Pentecostés vivido con fe como pueblo de Dios es un amanecer en el camino de nuestra historia, para hacer más claro el recorrido de la humanidad entera que, en ocasiones, se encuentra un tanto perdida en la neblina de la indiferencia o en las tinieblas del mal. En especial en estos días que nos toca vivir y donde muchos se preguntan ¿Dónde está la Luz, donde está la Verdad?

Siempre tenemos la necesidad de “hacer el camino” hacia una auténtica libertad que nos  haga salir de toda forma de esclavitud, causada por el propio egoísmo, orgullo y falsas seguridades, para poder encontrarnos con Dios y vivir en comunión, conscientes de nuestra necesidad diaria de conversión, de retornar a la Casa del Padre, cargando nuestras cruces y asumiéndolas. Solo así nos podemos mirar a los ojos y reconocernos herman@s.

Que este Pentecostés nos regale el Gran Don, como Iglesia, como comunidad de los creyentes de  “hacer el camino” liberador, ofreciéndonos la posibilidad de renovarnos y dilatarnos, sin fronteras ni dimensiones, hasta la gran capacidad del Amor que une a Dios y a toda la humanidad. Para vivir nuevamente el don gratuito del Espíritu Santo, que produzca el renacer de la Iglesia y nuestra vida en Cristo. No seamos nosotros la barrera que impida el fluir del Amor de Aquel que hace a los débiles, fuertes y al pecador , santo.



“Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo…”


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