Y ME DICE: ¡DESPIERTA!

En estos últimos días cuando me pongo ante Jesús, cuando me siento a contemplar, a escucharle...me siento vacío, me ha costado un poco más de lo normal. Siento que mi vida es un tira y afloja, entre la coherencia, y la incoherencia del día a día. Me pongo delante del Señor y me doy cuenta de que seguirle es lo que me llena, descubrirle en los demás lo que me ayuda cada día. Pero que ser cristiano no es solo eso. (Por lo menos para mí) Es, cada momento, cada minuto. Ser consiente de “que soy hoy” y a que “estoy llamado a ser”, y como Él actúa en mí, cuando se lo permito. Sí, porque Dios, ya lo sabemos, nos respeta, no nos invade, no se impone. Es el Gran Coherente, el Gran Liberador.

Ser cristiano de verdad es difícil...me cuesta. Días como hoy, me doy cuenta de que el Señor está siempre, que acudo a Él, y que lo que siento no es sentimiento de culpa ni de castigo, sino ganas de actuar, de vivir el Reino cada día desde lo que soy hoy.             

Pero que siempre que me pongo ante él descubro que él también me pide, me demanda, y me dice: ¡despierta! Al Evangelio de la Vida, del Amor y de Misericordia, del cual nadie es propietario, porque es don y gracias, tesoro y posesión de todos y para todos.

Esto me hace despertar ante el dolor de mi incoherencia y de las incoherencias en las que participo, me refiero a la de mi Iglesia y  algunas organizaciones en las que participo directa o indirectamente y en otras que conozco y que para much@s son presencia de Dios en medio de sus vidas. En ellas también convive esta ambigüedad, hablamos de amor, caridad, misericordia pero producimos dolor.  Creo que necesitamos hacer una pausa y mirar el camino recorrido y ver cuánto hemos dejado tirados en el camino. Por nuestra intransigencia y hasta por nuestro fariseísmo.

Porque no me puedo quedar con lo que dicen, porque a veces es mucho lo que “dicen” sino con lo que están llamadas a ser. Como dice la sentencia “la letra mata pero el Espíritu vivifica”; en este caso, tengo que decir: lo que dicen  pero no hacen, mata.

Si nos apegamos solo a lo que decimos y no hacemos, nuestra lógica humana nunca lo entenderá, solo el Espíritu Santo podrá mostrarnos el verdadero rostro y misión a la que estamos llamados tod@s. 

La vida y la acción de nuestras vidas vividas de frente a Dios y l@s herman@s,  mostraran la grandeza del misterio de Dios que actúa en los corazones que se dejan transformar por su amor. Solo así lograremos ser coherentes y vivir encarnado en nosotr@s el Amor, la Caridad, la Misericordia y la Justicia, ese es el deseo de mi corazón, esa es la intención que llevo hoy a mi oración y esa es la vereda por la que me empeñare en caminar… por lo menos hoy a la espera de mi propio Camino a Damasco para vivir la experiencia que libera, sana, restaura y vivifica, vivida en el Amor. Él es el camino de mi propia vida, es el camino de mi libertad, es Él el final del camino, ante Él caerán las escamas de mis ojos y podré verte... Jesús,  Dulce y Buen Pastor.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido amigo, a mi me ocurre algo muy parecido. Agradezco a Dios por mi vocación cristiana y a la vida religiosa,pero mis incoherencias y las de mi comunidad me agotan, no sé que Cristo predicamos, parece que uno que hacemos a nuestra medida y en el cual podemos justificar todo.

Ora por mi y yo orare por ti y por todos los amigos de La Katisma.

Ignacio.

Anónimo dijo...

Nos falta una verdadera fiesta de la fe que renueve todo desde las bases. Hay que quitar la polilla que revolotea en nuestra iglesia.

Francisca; Santiago de Chile.

Anónimo dijo...

Sabes estuve en una comunidad religiosa haciendo una experiencia, al principio todo hermoso, el encanto de los primeros días, pero poco a poco me fui dando cuenta que en realidad quienes vivien allí , no se conocen. Son realmente extraños , sera que al paso de los años sera así? mueren y no se conocen.

Yo continuo mi busqueda, ora por mi hermano.

Patricio- Navarra España