LA BELLEZA DE JESÚS

«Para nosotros los creyentes, en todas partes se presenta hermoso elVerbo de Dios / pulcher Deus, Verbum apud Deum, / hermoso siendo, Verbo en Dios, / pulcher in utero virginis, / hermoso en el seno de la Virgen, donde no perdió la divinidad y tomó la humanidad; hermoso niño recién nacido, porque aun siendo pequeñito, mamando, siendo llevado en brazos, hablaron los cielos, le tributaron alabanzas los ángeles, la estrella dirigió a los Magos, fue adorado en el pesebre y en todo tiempo fue alimento de los mansos.Luego es hermoso en el cielo y es hermoso en la tierra; hermoso en el seno, hermoso en los brazos de sus padres [de María y José], hermoso en los milagros, hermoso en los azotes. [Sí, también en la flagelación porque –dice Agustín– en la flagelación, cuando estaba todo desfigurado, pensemos por qué estaba así, por qué se había dejado azotar así por los flagelos, pensemos en la misericordia que le hizo llegar a esto por ti, por tu amor, era hermoso incluso en la flagelación. Cuando María lo tomó muerto en sus brazos debajo de la cruz («vidit suum dulcem Natum morientem desolatum / vio a su dulce nacido, dulce hijo, morir solo, solo en la cruz»34), cuando lo tomó en sus brazos, no había nada más hermoso que su hijo, ese hijo desfigurado. Cuando el buen ladrón le dijo «Jesús, acuérdate de mí cuando vayas a tu reino» (Lc 23, 42), no había encontrado nunca en toda su vida nada más hermoso que aquel momento, en el momento de la muerte, cuando Jesús le respondió: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23, 43)]. Hermoso en los milagros, hermoso en los azotes, hermoso invitando a seguirlo, hermoso no preocupándose de la muerte, hermoso dando la vida, hermoso resucitando / pulcher in ligno, pulcher in sepulcro, pulcher in coelo / hermoso en la cruz, hermoso en el sepulcro y hermoso en el cielo»

 Fragmento de San Agustín sobre la belleza de Jesús.





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